jueves, 5 de julio de 2012

Ciudadanos

Publicada el 6 de julio de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.

Espías como de risa que llaman a jefes para contarles el chascarrillo que contra ellos acaba de hacerse en la cafetería. Jefes que atienden la llamada y marcan con una equis de esta-te-la-guardo a subordinados lejanos que ignoran que han sido delatados como peligrosos escuchantes de dichos contra el poder. Policías que atienden requerimientos de película de niños y la emprenden contra niños, carné en la boca cuando pase por la puerta, por favor. El otro día se leía en este periódico que quien teme a la policía es que no tiene la conciencia tranquila y lo mismo es predicable justo al revés. El gobernante que acude al lugar que gobierna con un ejército de centuriones armados para la guerra es que teme a sus gobernados, él sabrá por qué. Pesquisas policiales sobre viandantes; amenazas de juicios, sanciones, multas, retirada de la porción de oxígeno que te corresponde. Gobernantes que avisan, precaven, aconsejan quedarse en casa, no acudir a esa cita, que es de gente peligrosa y si cualquier día mandamos a la legión contra ellos hoy, de momento, de ti empezamos a sospechar que no eres de los nuestros: adiós cargo, favor, nuestro afecto o el saludo por la calle. La tentación ordenancista del PP nos lleva a otros tiempos, lugares, infiernos. Releo en el «Alexias» de Mary Renault cómo en la Atenas de Sócrates los ciudadanos demócratas se enorgullecen de su libertad y se sobreponen a los oligarcas (de los que se sospecha que son capaces de entregar la ciudad a los espartanos con tal de favorcerse ellos) incluso cuando la guerra los ha llevado a tiempos tan difíciles que los hombres libres enjalbegan por las noches su casas porque no tienen esclavos que lo hagan. Pienso con admiración y envidia en la dignidad de esos ciudadanos primigenios y en que es por ello que todavía los queremos tanto. No como a otros.