jueves, 10 de enero de 2013

El crimen perfecto

Un día, el jefe del FMI (pudo ser la jefa, no lo recuerdo, pero ya no importa) puso a todos sus economistas a trabajar. Una legión de ellos, con tantos títulos académicos que podrían alfombrar varios campos de fútbol, medida universal de superficie de Maradona a esta parte. Estos expertos hacen con los números operaciones muy difíciles, no sé si porque son expertos o para justificar que lo son, que no es lo mismo. Una limpiadora que conozco, licenciada en Artes en su país de origen,  ha abierto alguna de las carpetas que estos sabios se dejan sobre su mesa, y según me cuenta la ha cerrado de inmediato, presa de un ataque de ignorancia y de pavor: ¿cómo pueden hacerse cosas tan feas con algo tan bello como los números?, me pregunta por e-mail, bien que retóricamente. 

    Después de varias semanas de trabajo individual y discusiones colectivas, los economistas, en traje de Gabanna, presentaron sus conclusiones. De inmediato, el jefe telefoneó a los presidentes de los países que le habían pedido dinero y les impuso sus condiciones. No es política, les dijo, sino la única manera de que ustedes salgan adelante. Créeme, añadió con un tuteo de cercanía, al final de cada charla.

    Esta semana, los mismos economistas han vuelto a reunirse y han descubierto que aquellos días se equivocaron. Pensaban que por cada euro que los gobiernos no gastasen, el país dejaría de producir solamente medio euro, de manera que al cabo de un tiempo habría dejado sus cuentas deudoras a cero. Ahora han comprobado que por cada euro que no se ha gastado, el país ha dejado de producir, en realidad, un euro y medio. El error no es de un euro, como es evidente, sino de un trescientos por ciento. Para esas cuentas no hacen falta grandes calculadoras, digo yo. Ni tanta ciencia. Porque el problema, además, es que con esos datos nunca se saldará la deuda, sino que será cada vez mayor hasta llegar a la ruina completa. Alguien que se equivoca de ese modo merece ser despedido o bien intercambiar su puesto con la limpiadora que conozco, que haría cosas bellas con los números en lugar de cometer crímenes.

    Porque eso es lo que ha hecho el FMI en Grecia y en Portugal. Cometer millones de crímenes. Miles de ellos, asesinatos a sangre fría. Es la nueva forma de matar. Limpia, a distancia, sin ninguna responsabilidad y sin ningún motivo. El crimen perfecto. El mundo en el que vivimos.