jueves, 24 de enero de 2013

Pacto entre piratas


Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 25 de enero de 2013.



La situación me recuerda al tramo final de los gobiernos de Felipe González. Cada día sale un nuevo caso de corrupción y cada vez está más cerca del puente de mando. Aunque hay otras diferencias, la más notable es que entonces una conspiración mediática estuvo dispuesta incluso a cargarse el sistema (Anson dixit), con tal de quitar a González del gobierno. Aquella oleada de corrupción en la izquierda puso fin al arquetipo del obrero honrado labrado en cien años de historia. Cien años en los que  ni el obrero ni sus representantes habían estado cerca del poder, naturalmente. Se impuso entonces la idea de una derecha civilizada y tan acostumbrada al poder y al dinero que accedía a aquella con menosprecio de este. Destruido el trabajador honrado se hizo fuerte la idea del empresario eficaz que sabría administrar el país sin meter la mano en una caja que no necesitaba. Desde entonces hasta ahora, ya saben: el despiporre conocido de la derecha y sus afines, un verdadero saqueo perpetrado con chulería por los cuatro costados del país, aderezados de vez en cuando por la izquierda con su porción de estulticia con la agravante de robo. 
     Soledad Gallego propone en El País una ley que haga a las secretarías generales de los partidos responsables de los desmanes cometidos por sus huestes. De llevarse a cabo, esto reduciría las barcenadas y similares pero no acabaría con todas las modalidades de sinvergonzonería que nos cabrean. Mas ni para esto hay esperanza. Ya hubo una ley que exigía transparencia para los políticos que hicieran política... fuera de España, pero se quedaban expresamente al margen los que la hacían dentro. Ahora empiezan a hablar de pactos, pero nada de leyes. Las leyes, para los ciudadanos, y más rigurosas cuanto más pobres (ya se cruzan apuestas sobre si llegará antes la sentencia o el sepelio de Urdangarín). Ellos, los políticos, se bastan con los pactos, como si fuesen caballeros. Pero no es así. Se trata de pactos entre piratas, al estilo de aquellas gentes que no dependían de nadie ni a nadie rendían cuentas y cuya única ley era la codicia. Apañados vamos.