jueves, 14 de febrero de 2013

Una novela redonda

Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 15 de febrero de 2013

Por fin tenemos un escándalo a la altura que nos merecemos. Hasta ahora todo iba de ingeniería financiera o de concejales untados por promotores inmobiliarios, si es que esto no es lo mismo que aquello. Lo más pintoresco había sido un ministro sobornado en una gasolinera, lo que, en punto a «typical spanish», es como Nadiuska restregándose con Esteso. Más «kitsch» era lo de Pantoja y las bolsas de basura llenas de billetes porque ya se sabe que bajo el oropel de según qué «show business» enseguida aparece una bata de boatiné.
         Pero lo de Pujol Ferrusola está varios escalones por encima y no sé por qué la prensa de Madrid lo está ninguneando, salvo que sea verdad que está enferma de centralismo. Los protagonistas son una ex-pepera que se convierte en novia de un político convergente  (hay quien la califica de ex-pareja y de antigua amante, tres cosas que no son lo mismo) y ese político, que es a la vez empresario, algo así como Judas y Satanás en la misma persona. Cuando quieren demostrarse su amor se van a un picadero de Andorra y, ya que están, dejan por allí unas carretillas de billetes de quinientos euros. Cuando la novia-pareja-amante y el propio lo dejan, ella, que no es exactamente una jovencita alocada (ni siquiera lo es una hija suya, que ya se ha casado), empieza a soltar por la boca y se queda sola hablando de su ex-lo que sea y su familia a lo siciliano. 
        Resulta, sin embargo, que hace dos años ya le fue con el cuento a una jefa del peperío y que en una conversación que nadie conocía que iba a tener lugar aparece un micrófono que un detective (Marlowe o Torrente, vaya usted a saber) ha puesto debajo de la mesa por encargo de un socialista, a pesar de que el dueño del restaurante jura por sus muertos que allí hasta las comandas se dan a voces. Que nadie dijese nada hasta el otro día tiene también su miga, como si la información fuese vino, mejor cuanto más añeja, o como si lo natural fuese que cada español conozca un delito y se lo calle...
        Le aseguro que con mucho menos Almodóvar ha gando un Óscar y que yo mismo, con un par de horas de charla con cada protagonista, sacaba una novela redonda, ¡vaya que si la sacaba!