martes, 10 de septiembre de 2013

A relaxing cup

    Durante el landismo pasamos el sarampión de las suecas, esas rubias promiscuas, sobre todo promiscuas, que nos hacían soñar con lo bien que debía de vivirse en Europa. Ahora que parece que las mujeres nórdicas son al lado de las nuestras casi un ejemplo de castidad estamos pasando el sarampión del Inglés. Algo pasa con el Inglés en este país, y no sé si lo que persiguen los políticos con su empeño de que hasta el gato maulle en anglosajón es expiar su bochorno o pagar sus culpas en costillar ajeno.
     El caso es que España se divide hoy en tres grupos. Por un lado están los que se abochornan de ver a la alcaldesa de Madrid primero contestando por peteneras y después sobreactuando con un discurso bobo (en ambos casos con el Inglés como protagonista) y por otro los que se solazan viendo hacer el ridículo a quienes con tanta saña nos las hacen pasar putas todos los días. El tercer grupo es la gente de La Razón y su creencia de que Botella estuvo natural y relajada, pero cualquiera diría que se han arrepentido de escribirlo porque no hay manera de encontrar el enlace.
    El gran beneficiado de esta astracanada ha sido el Príncipe, del que hemos descubierto lo que algunos sospechaban, y es que habla Inglés como los mismos ingleses. Esta rara habilidad lo ha convertido de pronto en un tipo mucho más valorado. Tanto, que el Rey está planteándose hacer un ERE entre sus asesores porque ninguno había descubierto que bastaba hacer hablar en Inglés al primogénito para que la monarquía recuperase algo de prestigio.
    La verdad es que tanto los vituperios como las alabanzas nos colocan cerca del landismo.  Entonces valorábamos las tetas de Nadiuska  y hoy el manejo de la lengua del Imperio. Si gobernar fuese solo hablar Inglés sería fácil encontrar grandes candidatos... Aunque a lo mejor no era malo incluirlo como requisito: nos quitábamos de una tacada a todos estos inútiles.