viernes, 2 de octubre de 2015

Zapata

En uno de los capítulos de Friends, dos de sus singulares personajes se peleaban sobre quién de ellos había sido el creador de un chiste. La estupidez de tratar de atribuirse la autoría de un chiste se elevaba a la categoría de esperpento porque los personajes que disputaban eran un profesor universitario y un directivo de una empresa del sector financiero. El siguiente paso, más allá del esperpento, es el de un ministro convirtiendo un chiste en un atentado contra la dignidad humana. Si se grabase de nuevo la serie, Catalá sería un personaje imprescindible, ya que cada vez que habla parece empeñado en demostrar que la realidad supera a la fantasía. O que Gallardón solo era un tipo corriente. Por otra parte, me dan ganas de decir que Zapata se lo tiene merecido porque cuando alguien sacó aquellos tweets mohosos, se defendió haciendo una tesis doctoral sobre el humor negro, que también es para nota, como si no hubiera mujeres, incluso ministras, que cuentan chistes machistas o andaluces que cuentan chistes de leperos.
     Los buitres que convirtieron un chiste malo en carroña alejaron de la política a centenares de miles de jóvenes que hoy pasan el tiempo propagando chascarrillos porque mañana, cuando quieran ser concejales, alguien hurgará en sus mensajes de juventud y les serán demandados como pecados mortales.
     Salvo que se apelliden Rato, en cuyo caso encarcelarán a la secretaria antes de tocarle a él un pelo.